viernes, 18 de marzo de 2016

Serón, Bendodo y el papelón de Torres.

 Analizar lo ocurrido en las últimas semanas en la política municipal es complicado. Además, no disponemos de todos los datos necesarios para comprenderlo. Sin embargo, lo que está claro es que el PP y Juan Martín han sido los protagonistas de estos movimientos.
Desde el mismo día de las elecciones municipales estaba claro que el futuro de nuestro pueblo estaba en manos del PP. Y no solo el futuro político de Alhaurín, sino también el futuro de Martín Serón. Y lo más grave es que durante demasiado tiempo, ambos, Martín y Bendodo, han jugado con el futuro y la estabilidad de todo el pueblo mientras se ajustaban las cuentas que tenían (y quizá tengan pendientes).



Ahora bien, lo que no es de recibo ha sido el comportamiento del PP en los últimos meses. Primero representa el papel de partido que quiere la regeneración democrática, que rompe (aunque con la boca pequeña) con un alcalde que después de ser condenado por corrupción se niega a dejar el cargo. Que pierde el poder en nuestro pueblo por coherencia política. Que apuesta por una candidatura nueva, por un candidato que es presentado como el único que ha sido capaz de decir NO al todopoderoso y que se enfrenta a él soportando todo tipo de ataques y amenazas. Las hemerotecas conservan las declaraciones en las que Bendodo sacaba pecho y recordaba que “Alhaurín  no era el cortijo de nadie”
¡Qué pronto cambiamos de discurso, qué flaca es la memoria, qué grande la incoherencia! Pasados unos meses, Bendodo se pliega a las exigencias, a las amenazas y al miedo a Martín Serón. ¿Dónde quedan esas ideas, ese afán de limpiar y regenerar el pueblo?
Y decimos esto porque éstas eran las ideas y los deseos que su concejal, Francisco Torres, ha defendido en todas las negociaciones que se han realizado. Ese deseo ha quedado en nada. Primero por la compra de voluntades con una dedicación, y luego con el abrazo a sus antiguos compañeros y compañeras.
Algún día sabremos todo, incluidos los detalles, las guerras internas y las amenazas mutuas. Lo que está meridianamente claro es que Bendodo y Martín han jugado sus cartas. Y Francisco Torres ha desempeñado y seguirá desempeñando no su papel, sino que hará, como se dice castizamente, un auténtico papelón.


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