miércoles, 27 de febrero de 2013

Homenaje a García Caparrós

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35 años, dos meses y 24 días.



No es una condena impuesta por un juez a ningún acusado por un delito de corrupción o de blanqueo de capitales. Tampoco es la pena a la que serán condenados los que con su irresponsabiliad han causado esta crisis financiera que estamos sufriendo y pagando todos. Ni siquiera los dos meses y 24 días se refieren al tiempo que pasarán en la cárcel aquellos que han acumulado millones de euros en una cuenta en Suiza.
No, ni mucho menos. Este tiempo es el que ha tenido que pasar para que la memoria de un joven malagueño, Manuel José García Caparrós, asesinado durante la manifestación del 4 de diciembre de 1977 en Málaga, haya sido reconocida oficial y solemnemente por el Gobierno de Andalucía.
 


Durante estos más de treinta y cinco años la memoria de Caparrós ha permanecido viva en el corazón de muchos malagueños y andaluces que son conscientes de que la memoria oficial va por un lado y la verdadera memoria histórica, por otro. Caparrós es uno de los muchos casos sobre los que se han echado demasiadas capas de olvido en aras de no sabemos qué reconciliación. El joven malagueño, trabajador en una fábrica de cervezas y militante de las CCOO cometió el gravísimo delito de salir aquel día a reivindicar junto a otros 200.000 malagueños el derecho que tenía el pueblo andaluz de decidir su futuro. Un futuro que pasaba por instaurar un sistema plenamente democrático y un estatuto de autonomía que reconociera nuestra identidad histórica. Sin embargo, ese ansia de libertad chocó con lo más serril de la derecha malagueña. Chocó con el empecinamiento de quienes no estaban dispuestos a perder el poder que habían ejercidido durante décadas. Personas que arropadas por sectores del poder pretendían condenar a nuestro pueblo a más años de dictadura y de imposición.



Y García Caparrós cometió el delito de participar en esa manifestación que se dividió en dos tras una carga feroz de la Policía Armada. Comete el delito de huir de los golpes, botes de humo y disparos que se hicieron junto al Puente de Tetúan. Y allí cayó muerto. Allí cayeron las ilusiones de un joven que luchaba por mejorar su vida y la de su pueblo. 





Durante todos estos años se ha intentando, sin éxito, reconocer una y otra vez, la memoria de este joven. Sólo algunos, junto a su familia, han procurado mantener viva su memoria por encima de cualquier cosa, por encima de los herederos de aquella extrema derecha que ha vilipendiado su recuerdo. Molesta esa placa en aquella esquina. Muchos dirán hoy que no es tiempo de reabrir heridas, que es tiempo de olvidar y mirar hacia el futuro. Sin embargo, es más preciso que nunca mirar hacia atrás para reconocer, ahora que de nuevo nos la estamos jugando, la memoria de Caparrós.



Hace algunos años una copla de carnaval retrató aquellos días, y le rindió homenaje. Esos versos mejor que nada expresan todos estos sentimientos:




Era un cuatro de diciembre
cuando tomamos la calle
era un cuatro de diciembre
cuando dijimos que verde
y blanca era nuestra sangre. 

Imagen de un acto de vandalismo de extrema derecha
 Andaluces levantaos
desde el trigo hasta la mar
un cuatro de diciembre
luchamos por nuestra gente
España y la humanidad. 

Días de guerra, de fascistas en la acera
rezando a su dictador,
tarde de espanto, Málaga entera llorando
mataron a Caparrós, Caparrós. 

Y las cadenas, cayeron nuestras cadenas
y bailaron las estrellas  suspiraron los abuelos
no había ya en el mundo entero
batallón que nos pudiera. 

Y las cadenas y el sudor de nuestra frente
to pa’ los terratenientes
pa’ que hicieran la faena. 

Rojos contra la pared, Blas Infante por los muros
no al ciento cuarenta y tres
si al ciento cincuenta y uno
como se puede olvidar
veinte años de libertad libres libres para siempre que bonita
navidad de aquel cuatro de diciembre

Juan Rodríguez Bonilla



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