domingo, 17 de marzo de 2013

DIAMANTINO: UN HOMBRE BUENO Y LIBRE

DIAMANTINO GARCÍA: UN HOMBRE BUENO Y LIBRE
“En el tiempo de los gigantes
de la lucha por el hombre
tú llegabas con la verdeiblanca
por la causa de los pobres.
Levantando por los caminos
Diamantino el horizonte,
la esperanza de los campesinos
dentro de los corazones”

Carlos Cano.


Entre los muchos calificativos que se han utilizado para describir al nuevo Papa destaca el de Papa de los pobres. Y llama la atención que para muchos se haya  convertido en una novedad lo que debería ser lo natural tratándose del cabeza de la Iglesia de Jesús de Nazaret.  Igualmente,  ha sorprendido la elección del  nombre el de Francisco, en referencia al santo de Asís, paradigma de la sencillez y de la pobreza en el seno de la Iglesia.


Sin embargo, si miramos más allá de la Iglesia oficial, ahogada en tanta pompa y tanto ornato, entre tantas intrigas y tanta corrupción, donde  es insoportable “el peso muerto de tanto mármol que cubre el oro de tanta inmundicia” en palabras de Manuel Vicent-;  y ponemos el foco en la otra iglesia, en la  de base y que está pegada a la realidad; encontraremos multitud de ejemplos de hombres y mujeres que  entregan su vida al servicio  de los más necesitados. El ejemplo de estos hombres y mujeres son los que a algunos nos ayudan a mantener viva  la fe  en el verdadero mensaje del Evangelio.

Y a esta segunda iglesia perteneció una persona que para muchos no significará nada, del que ni siquiera habrán oído hablar: Diamantino García.  Sin embargo, tras este nombre encontraremos  a un hombre de fe, pero también de acción. A un sacerdote que entendió que el verdadero camino del evangelio era el del  buen samaritano: el encuentro con los más necesitados, con los pueblos crucificados -en palabras de Jon Sobrino.  Y así lo demostró a lo largo de su vida. Además de cura de Los Corrales,  en 1976 fundó del Sindicato de Obreros del Campo (SOC) y fue un referente del movimiento jornalero,  un ejemplo de inculturación con aquellos que sufrían las injusticias y las desigualdades desde que entendió que el único camino que conducía a una sociedad más justa era el de la lucha por los derechos que históricamente les eran negados.

Eran tiempos de lucha, de ocupaciones de fincas y de reivindicaciones de tierra y libertad, de democracia y autonomía. Diamantino fue uno de aquellos curas obreros que entendieron que su mensaje debía ser un mensaje de esperanza y de liberación junto a los que más sufrían. Alumno aventajado de aquella corriente de aire fresco que penetró en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II y que tan poco tiempo tardaron en reprimir desde la jerarquía. Diamantino siguió la senda de personajes tan emblemáticos en la historia de nuestro país, nunca reconocidos del todo, como el padre Llanos, el jesuíta que dejó de codearse con el poder franquista para ocuparse y adentrarse en la miseria de las chabolas del Pozo del Tío Raimundo de Madrid.

Diamantino fue esperanza para muchos. Pero no una esperanza desde un púlpito sino acompañando a sus vecinos y vecinas en el tajo, en la vendimia o en la lucha.

Ya han pasado dieciocho años de su muerte (Febrero de 1995) y de alguna forma a muchos dejó huérfanos. Ahora que tanto necesitamos verdaderos referentes ante la gravedad de los momentos que vivimos valdría la pena recordar a este hombre íntegro que entendió su vocación como una entrega por el pueblo, en la mejor esencia del mensaje de Jesús.

Juan Rodríguez Bonilla

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